La última propuesta kafkiana que he tenido que soportar es la de que los perros puedan usar el transporte público. Hasta ahora sólo los perros lazarillo podía hacer uso del mismo. Hasta ahí ningún problema, pero ahora, en un alarde de civismo malentendido, el ayuntamiento y TMB quieren que cualquier usuario pueda subir al autobús o metro acompañado de Pluto.
Pues no señor. No estoy de acuerdo. Hasta ahí podíamos llegar. Bastante sucia está la ciudad, convirtiéndose cualquier paseo en una carrera de obstáculos como para que ahora acabe siendo el metro el nuevo pipican de cualquier bicho.
Y mira tú que a mi me encantan los animales, pero lo que no puede ser es que estos quiten el sitio a las personas. Ni aunque paguen billete.
Y claro, no falta la señora que dice que su perrito está muy bien educado, que es muy limpio y que tiene muy buenas maneras. Si si, lo que usted diga buena mujer, pero los animales, animales son. Y a mí no me apetece ser olisqueado, babeado y lamido.
Al menos no por su perro, señora.

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